El Jinete que monta a Colombia



Álvaro Uribe Vélez, el Doctor Varito –llamado así por Fabio Ochoa, amigo de su familia y conocido como “El Patriarca” del narcotráfico- es descrito por el periodista Fernando Garavito (ganador del Premio de Periodismo Simón Bolívar, en el 2001) como un tipo flaco, desgalamido, con cara de seminarista, oculto bajo unas gafas negras, estilo “Harvard”.

Por Romina Vernon


La biografía oficial, del actual Presidente de Colombia, elegido en el 2002 y luego en el 2006, dice que nació el 4 de julio de 1952 en Medellín. Dice que está casado con Lina Moreno –filósofa- y que tiene dos hijos: Tomás y Jerónimo –empresarios de artesanía- . Dice que es abogado. Dice que fue senador y alcalde. Sin embargo no hace alusión a su gusto por los caballos, los poemas y a la admiración que sentía por su padre. Mucho menos a la primera vez que dijo que quería ser presidente -a los 7 años- cuando en su casa escuchaba discursos grabados de Jorge Eliécer Gaitán, que proclamaban “yo no soy un hombre, soy un pueblo, y el pueblo es mayor que sus dirigentes”, o de Rafael Uribe Uribe periodista, abogado y militar colombiano, a favor de ideas socialistas que apoyaban el sindicalismo y que incluso lo llevaron a inspirar uno de los personajes del libro “Cien Años de Soledad” de García Márquez: El Coronel Aureliano Buendía. Discursos que ensayaba luego frente a sus primos, obligándolos a que lo escucharan, pues de pequeño fue “mandón y guerrero” según sus propias palabras.

Adiestramiento


En la familia de los Uribe Vélez, quienes vivían en una casa arrendada en la ciudad, las reglas eran claras. Tanto así que incluso en vacaciones, junto con todos sus hermanos debían madrugar para trabajar en las fincas de su padre: Alberto Uribe Sierra, “un reconocido traficante de drogas” según el libro de Fabio Castillo “Los jinetes de la cocaína” , un hombre honorable, enemigo acérrimo de la pereza, quien a pesar de estar constantemente endeudado, les recalcaba a cada momento “hay que estudiar y ser buen estudiante”, mientras Laura –pionera en la lucha por el voto de la mujer-, su madre y de quien heredó la vena política , se preocupaba de acercarlos a poemas de Neruda, Rubén Darío y otros autores, con el fin de instruirlos en la declamación.
Y Álvaro Uribe siguió las reglas. Fue un destacado estudiante, eximiéndose de exámenes finales y declarado como el mejor bachiller de su clase, en el instituto Jorge Robledo.
Siguió las reglas y se convirtió en un hombre disciplinado, según sus pares, lo que se puede demostrar en detalles tan simples como su programa de acondicionamiento físico: 25 vueltas al estadio de Cali.
Siguió las reglas y es conocido por un discurso sin titubear, levantando su dedo índice, como si dictase cada palabra, poniendo énfasis y modulación en cada frase.

Domando a Colombia

Dueño de una gran memoria, no olvida caras ni nombres y es tal vez por esto que es conocido además como un hombre que gusta del contacto con la gente. Así se pudo ver aquella vez en que dio por televisión su número de celular. En ese momento vino llamada tras llamada, las que despedía – al aire- con un “Qué Dios también te bendiga”.





Álvaro se declara un “católico ferviente”, asegurando que reza mientras practica yoga. Aficionado a la crianza de caballos, considera que la vida pública tiene semejanza con la relación del hombre con estos. Asegura que “ambos exigen mucho equilibrio, no aceptan maltrato ni tampoco salamería. Rechazan al sádico y al salamero”. Y es por esto que el mandatario posee una imagen de mucho temple y pasividad, lo que para sus detractores es sólo una buena dosis de demagogia.
Sin embargo, para Jaime Bermudez, consejero de comunicaciones, sólo sucede que Uribe es un hombre de visión, que tiene claro hacia dónde quiere llevar a Colombia y que esa es una de las claves para que un presidente de centro derecha tenga tanta popularidad en su país.


El arriero de sombrero y poncho



En su tiempo libre Uribe visita el campo. Allí da rienda suelta al arriero de sombrero y poncho. Nada en las aguas del río Guatapurí o hace una de las cosas que más le apasionan: montar su caballo como un verdadero jinete. Así lo demostró en una de sus visitas a Chile en el 2006, donde participó de un rodeo, además de mostrar su conocimiento por los equinos, mirando los dientes de los caballos y acertando su edad. Y es que le gustan las labores del campo. Uribe “participa con los peones de las labores normales, asiste al ordeño, sale a montar y aparta al ganado”, aseguró a diario El País el capataz de una finca vecina. Y esa afición no sólo la heredó de su padre, quien lo castigaba “dándome un juetazo”, cuando el caballo lo desconocía, sino que también de su abuelo materno, quien tuvo el mejor criadero de caballos de paso en Colombia y a quien también le debe el legado de ser un “verdadero arriero paisa”, según sus propias palabras, el verdadero Jinete que hoy monta a Colombia.

2 comentarios:

Profesor Carlos Zárate dijo...

Romina:

NO me sorprende, en verdad confirma el talento que yo se que usted tiene. La felicito bien dovumentado bien escrito ys obre todop para quien no conoce a Uribe una radiografia veraz y muy util

Profesor Carlos Zárate dijo...

Romina:

Rafael URIBE URIBE y no Rafael Uribe ochoa, corrijalo por favor